Cuando en una entrevista de trabajo te preguntan por tus principales logros profesionales, ¿qué respondes?
Muchas personas comienzan a enumerar las tareas que realizaban:
“Atendía clientes.”
“Elaboraba reportes.”
“Supervisaba un equipo.”
“Me encargaba de las ventas.”
“Coordinaba al personal.”
El problema es que todas estas respuestas describen funciones, no necesariamente logros.
Y aprender a distinguir unos de otros puede ayudarte a comunicar mucho mejor tu experiencia durante una entrevista de trabajo.
Una función explica lo que hacías; un logro demuestra lo que conseguiste
Las funciones forman parte de las responsabilidades asociadas a un puesto.
Un logro, en cambio, permite mostrar qué ocurrió gracias a tu intervención: un problema que resolviste, una mejora que implementaste, un resultado que alcanzaste o una situación difícil que conseguiste superar.
Observa la diferencia:
Función: “Elaboraba reportes mensuales.”
Logro: “Reduje de cinco a dos días el tiempo necesario para elaborar los reportes.”
En el primer caso sabemos qué hacía la persona.
En el segundo comenzamos a comprender qué valor generó con su trabajo.
Esta diferencia resulta especialmente importante durante una entrevista porque el entrevistador no necesita conocer únicamente cuáles eran tus responsabilidades. También necesita obtener evidencias que le permitan comprender cómo trabajas y qué podrías aportar en una nueva posición.
¿Por qué nos cuesta reconocer nuestros propios logros?
Uno de los problemas es que nos acostumbramos a nuestro trabajo.
Resolver una incidencia, atender correctamente a un cliente, organizar información desordenada, cumplir un plazo especialmente difícil o mejorar una pequeña parte de un proceso termina convirtiéndose en algo cotidiano.
Con el tiempo dejamos de verlo como un resultado y pensamos:
“Eso simplemente era parte de mi trabajo.”
Pero precisamente allí pueden esconderse algunos de los mejores ejemplos para una entrevista.
Un logro profesional no tiene que haber generado millones de dólares ni haber transformado toda una organización.
También puede consistir en:
- reducir errores;
- ahorrar tiempo;
- mejorar la atención de un cliente;
- organizar un proceso;
- cumplir un objetivo complicado;
- capacitar a otra persona;
- solucionar un problema;
- asumir responsabilidades adicionales;
- proponer una manera más eficiente de trabajar.
Lo importante es identificar qué hiciste y qué cambió como consecuencia de tu actuación.
Haz un inventario de tus logros antes de la entrevista
No esperes a estar frente al entrevistador para intentar recordarlos.
Revisa cada una de tus experiencias laborales, académicas, prácticas profesionales o incluso actividades de voluntariado y hazte estas preguntas:
¿Qué problema ayudé a resolver?
¿Qué proceso mejoré?
¿Qué resultado conseguí?
¿Qué responsabilidad adicional asumí?
¿Qué situación difícil logré superar?
¿Qué aprendí y posteriormente pude aplicar?
¿Cómo contribuí al trabajo de mi equipo o a mejorar la experiencia de un cliente?
Y, cuando sea posible:
¿Puedo expresar el resultado utilizando cifras, porcentajes, tiempo, ahorro, calidad o cantidad?
No fuerces los números si no existen. Un resultado también puede ser relevante aunque no pueda expresarse mediante un porcentaje.
Convierte una función en evidencia de tu valor
Puedes hacer un ejercicio muy sencillo.
Toma una hoja y escribe algunas de las principales funciones que realizaste en cada puesto.
Por ejemplo:
“Atendía las consultas de los clientes.”
Ahora no te conformes con esa descripción.
Pregúntate:
¿Qué tipo de consultas atendía?
¿Qué problemas resolvía?
¿Existía alguna dificultad especial?
¿Mejoré de alguna manera la atención?
¿Recibí nuevas responsabilidades?
¿Hubo algún resultado que pueda demostrar?
Al responder estas preguntas comenzarás a encontrar historias concretas que podrás utilizar durante una entrevista.
No se trata de exagerar tus resultados
Comunicar tu valor no significa atribuirte resultados que no te corresponden ni convertir cada actividad cotidiana en un supuesto gran éxito.
Significa aprender a explicar con claridad aquello que tu experiencia realmente demuestra.
Si un resultado fue conseguido por todo un equipo, puedes explicar cuál fue el resultado colectivo y cuál fue específicamente tu participación.
La credibilidad es mucho más importante que intentar impresionar al entrevistador con cifras exageradas.
Haz este ejercicio antes de tu próxima entrevista
Elige ahora mismo tres funciones de tu experiencia profesional.
Escríbelas en una columna.
Al lado de cada una, responde:
¿Qué hice concretamente y qué resultado produjo?
Quizá descubras que tienes muchos más logros de los que pensabas.
Y cuando llegue tu próxima entrevista, en lugar de limitarte a explicar cuáles eran tus responsabilidades, tendrás ejemplos que demuestren cómo utilizaste tus capacidades y qué valor fuiste capaz de generar.

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